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Cuando el alojamiento deja de ser hotel y deja de ser vivienda y se convierte en algo más relevante

Durante años he trabajado de cerca con inversionistas, desarrolladores, operadores y ciudades que viven del turismo. Y si algo se repite en muchas de esas conversaciones es una sensación compartida: los formatos tradicionales de alojamiento ya no están respondiendo del todo a cómo viaja la gente hoy.

No porque la hotelería haya dejado de ser válida. Tampoco porque la vivienda turística sea una moda pasajera.

El cambio es más profundo.


El problema no es la operación hotelera. Es la experiencia estandarizada.

La hotelería aportó algo fundamental al sector: la operación profesional. Procesos claros, estándares, control, mantenimiento, servicio, estructura. Ese valor sigue siendo indispensable.

Lo que empieza a quedarse atrás no es la operación, sino la estandarización del diseño y la monotonía de los espacios: habitaciones repetidas, recorridos previsibles, experiencias que funcionan, pero no conectan.

El viajero actual no rechaza el orden ni el estándar. Rechaza sentirse en un espacio genérico.


El viajero ya no busca alojarse. Busca habitar.

Hoy el viaje es más frecuente, más corto, más consciente. Las personas quieren sentirse cómodas, autónomas y seguras, incluso si se quedan pocos días.

Por eso ganan relevancia formatos que ofrecen:

  • comodidad residencial real,

  • privacidad y control del espacio,

  • estándares claros de convivencia y seguridad,

  • y una relación más auténtica con el barrio y la ciudad.

Este cambio explica por qué muchos modelos hoteleros tradicionales pierden atractivo frente a propuestas más flexibles y humanas.


El surgimiento del alojamiento híbrido

De esta tensión nace con fuerza el alojamiento híbrido: un formato que rescata lo mejor de la operación hotelera, pero incorpora lo que el viajero actual valora más.

No se trata de eliminar la hotelería, sino de evolucionarla.

El alojamiento híbrido combina:

  • operación profesional y estructurada,

  • con espacios pensados para vivir, no solo dormir,

  • diseño con identidad,

  • y una integración real con el entorno urbano.

Es un modelo que funciona mejor para el huésped, pero también para la ciudad y para el inversionista.


Comodidad funcional: el nuevo lujo

Hoy el lujo ya no es un lobby monumental ni un servicio que interrumpe la privacidad. El lujo es funcionalidad bien diseñada.

Cocinas útiles, zonas sociales reales, iluminación natural, distribución inteligente, materiales cálidos. Espacios donde se puede trabajar, descansar y estar.

Este desplazamiento hacia la comodidad residencial no es estético; es conductual. Y los proyectos que no lo entienden empiezan a sufrir en ocupación, tarifa y reputación.


Privacidad, seguridad y estándares para comunidades

Otro punto crítico es la convivencia. Los formatos híbridos permiten una experiencia más controlada, con menos fricción y mayor sensación de seguridad, tanto para el huésped como para el entorno.

Esto es clave en proyectos urbanos: el alojamiento no puede ser un cuerpo extraño dentro del barrio. Debe integrarse, respetar y aportar.

Aquí, el diseño del proyecto, el modelo operativo y las reglas de uso son tan importantes como la ubicación.


Lo que esto significa para el desarrollo inmobiliario

Todo lo anterior obliga a replantear el desarrollo inmobiliario aplicado a alojamiento.

Hoy no basta con diseñar un proyecto atractivo en renders, llevarlo a sala de ventas y desaparecer cuando se vende al 100%.Los proyectos vinculados a alojamiento necesitan visión de largo plazo, articulación y coherencia operativa.

Cuando no existe una sinergia real entre:

  • propietarios o inversionistas,

  • operador del activo,

  • administración de la copropiedad,

  • seguridad y servicios,

el proyecto empieza a fallar, aunque el mercado esté creciendo.


8/69: una respuesta concreta a este cambio



Desde hace tiempo vengo reflexionando sobre cómo deberían pensarse hoy los proyectos de alojamiento urbano. No como activos aislados, sino como sistemas.

Esa reflexión es la que está detrás de 8/69, un proyecto de alojamiento híbrido en Quinta Camacho, Bogotá.

8/69 no nace como un hotel tradicional ni como un edificio de apartamentos turísticos.

Nace desde la operación, desde la experiencia del viajero y desde la ciudad.

Es un proyecto que:

  • integra operación profesional,

  • ofrece espacios con lógica residencial y carácter propio,

  • se inserta en un barrio con identidad, vida cultural y conexión empresarial,

  • y responde al perfil de viajeros que hoy mueve la demanda: ejecutivos, bleisure, estancias cortas y medias, personas que valoran diseño, privacidad y contexto.


Una reflexión final

El alojamiento híbrido no es una moda ni una etiqueta. Es una consecuencia lógica de cómo cambiaron los viajes, las ciudades y las expectativas.

Para quienes están evaluando nuevas formas de invertir en alojamiento, este tipo de proyectos abre una conversación distinta: menos promesas genéricas, más estructura; menos estandarización espacial, más experiencia real; menos improvisación, más operación.

Si esta forma de entender el alojamiento resuena contigo, vale la pena profundizar.

8/69 es una expresión concreta de esa visión.


Juan Camilo Vargas - Líder en turismo, rentas cortas e innovación en Latinoamérica.

Presidente de Asohost, Community Leader de Airbnb y cofundador & CEO de Expohost, el evento más relevante del sector de vivienda turística en la región. Cofundador de la startup española Liiffe (IA aplicada a experiencias de viaje), fundador del Digital Nomad LATAM Summit y de Host Latam, la Confederación Latinoamericana de Rentas Cortas y Vacacionales.


Whatsapp: +57 320 4100 176

 
 
 

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